Profesora 2: Sí, es verdad, van a estar con las caras pegadas a la pantalla de la netbook.
Profesor 3: Se instalan juegos de matar gente, yo lo he visto, lo juro.
Profesor 4: O sino escuchan cumbia todo el día con los auriculares puestos.
Silencio. Yo, con uns sonrisita, tomaba un te apaciblemente.
Profesora 2: Sí, es para preocuparse.
Silencio.
Profesor 4: Ahora yo tengo miedo que no hagan nada en las clases.
Más silencio.
Nunca, pero nunca, la sala de profesores estuvo tan silenciosamente deprimente. Por lo general está llena de chillidos y quejas sobre los estudiantes.
Profesora 1: Espero que se tomen medidas contra esto. Es avanzar contra nuestros derechos.
Yo: Por qué?
Profesora 1: Porque ahora no nos van a escuchar, van a ser zombis.
Yo: Y tu derecho es que te escuchen sin hablar y el derecho de ellos es no tener una herramienta educativa del siglo XXI como una netbook?
Profesor 3: No, no es tan así, lo que pasa es que saben más que nosotros. Yo no se usar la computadora como ellos. Aprenden muy rápido.
Yo: Y no te sentís orgulloso de su conocimiento, te sentís inferior porque vos sos el unico que debe tener el derecho al conocimiento y a la información?
Profesora 2: Pero cómo nos va a enseñar un alumno? Es ridículo.
Yo: Por qué? Un adolescente es un barril vacío que hay que llenar de conocimiento? o es un ser humano?
Silencio.
Yo: Les agrego, el problema es tuyo: si querés dedicarte a la docencia hasta los 60 años tu obligación es actualizarte. Sino seguiríamos enseñando con filminas prehistóricas.
Profesor 4: Pero yo no se ni manejar el mouse ese que tiene incorporado la netbook!
Yo: Y? Tenés 40 años, todavía podés aprender. Decile a un alumno que te enseñe, son buenos los chicos, en su cadena alimenticia no se incluyen los adultos como comestibles.
Y cada vez tenía una sonrisa más amplia en mi carita angelical.
Silencio. Caras de preocupación.
Profesora 3: Esto de Conectar Igualdad nos quiere reemplazar a los docentes por máquinas. Estoy segura que ese es el objetivo.
Me paro, tomo el último sorbito de te, me voy hasta la puerta y con felicidad les digo:
- Ojalá. Ustedes que son creyentes, rueguen a dios que los reemplacen de manera urgente.

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