10 febrero 2017

La Neo del Italiano


Todos pasamos por una experiencia traumática alguna vez, la mía fue tener a mi bebé internado 40 días en la Neo. Cuando le contás a alguien que tu bebé fue prematuro, MUY prematuro, te miran con cara de normalidad y te dicen "ah... mirá vos"; generalmente los que no han tenido bebés o los han tenido a término creen que tener un prematuro es tener una criatura que nació antes y listo. Fin de lahistoria. Pero no es así. Nadie sabe lo que es tener un bebé internado al nacer más que los que pasamos por eso, por la desolación que sentís cuando te dan el alta y te vas sin tu hijo, por la confusión y el horror que pasás cuando te dan informes médicos en los que no sabés si tu bebé vive o no, por el dolor en el alma que sentís cuando ves a tu hijito llorar adentro de la incubadora y no podés alzarlo.
Pero dentro de todas las desgracias que pasé con mi chiquitito ahi, saqué varias experiencias reconfortantes porque la Neo del Italiano es un lugar particularmente amoroso. Excepto por un par, todas las demás enfermeras y enfermeros eran muy humanas; todavía tengo guardado en mi corazón el recuerdo de haber entrado a visitar a mi hijo y encontrarme con que la Lili lo tenía acurrucadito y que lo llenaba de besos; el hecho de saber que si no había manera de tranquilizar al bebé podía llamar a la Celeste y que con ella se calmaba al instante; escuchar todos los consejos de papá y enfermero del Roli para cuando nos fueramos de alta... Todas esas cosas no tienen precio; yo iba a ver a mi chiquitito a las 8, a las 11, a las 14, a las 17, a las 20, y cuando me iba sabía que estaba bien cuidado. Todos, la Guadalupe, la Moni, la buena de la Susi (que siempre le preguntaba a todas las mamás ¿tiene medias, madre? y eso nos alcanzaba para reirnos pese a las malas noticias), y cuántos de los que no me acuerdo el nombre ayudaron con amor a cada bebito.
Además de las enfermeras, el personal médico era excelente. Destaco a una doctora brasilera (nunca me salió decir su nombre) que se dio cuenta que mi bebé necesitaba un nuevo ingreso a Neo una vez que le dieron el alta, y también a la Noemí, la linda Noe, que ahora es su pediatra; cuántas veces lo habrá cargado la Noe para que mi flaco esté calentito y contenido.
Y entre todo el personal médico, todos los papás esperábamos que se hicieran las 11 para que viniera la Jefa de Neo, Alejandra Siccardi, a darnos los informes. A las 11 tenías todo junto, nerviosismo, un bajón enorme, a veces esperanzas, miedo, incertidumbre; veías todo gris, negro. Pero cuando entraba la Ale era como si entrara un ángel, y se te activaba algo acá adentro que te decía que todo iba a salir bien. Ella tenía una particularidad: por más que te diera malas noticias (nunca mintió en un informe para darte esperanzas cuando no las habían) ella hacía que parecieran no tan malas; y con el tiempo me di cuenta que esa tranquilidad que ella me generaba era porque yo había dejado a mi bebé en sus manos, y sólo creí en un 100% en la palabra de 2 médicos en mi vida, en mi abuelito que ya se murió, y en la de ella. Tengo familiares médicos, pero el profesionalismo con el que ella se maneja es excepcional. Así que siempre supe que si había algo para hacer cuando se creía que no se podía hacer nada, ella lo iba a descubrir. Y así fue.
Un día entré primera a la Neo, o me fui última, no me acuerdo porque en esos momentos se te confunden días con noches, turnos con días, días con informes. Bueno, la cosa es que la vi a la Ale, analizando muy de cerca a un bebito que estaba no muy bien y que ninguno de los papás y mamás nos animabamos a mirar mucho. Lo estudiaba con un cuidado, una dedicación. Y cuando terminó, le miró la carita y le acarició la mano. ¿A cuántos doctores, muchos comerciantes que les falta ponerse un puesto ambulante, les has visto ese gesto de cariño? Qué mujer, la Ale. Eternamente agradecida voy a estar porque haya permitido que mi hijito hoy viva.

05 octubre 2015

Lo abuelos de hoy

Se subieron al colectivo 2 chicas y se dan la mano. Porque eran novias, y eso hacen los novios. A la señora de tercera edad sentada adelante mio no le gustó la cosa, y empezó a increparlas; las chicas trataban de defenderse como podían, pero la cosa fue en aumento y la abuela empezó a gritar cosas como "anormales" "pervertidas" "cochinas". 
Estaba cansada, de verdad no me quería meter, pero la doña se empezó a poner media loca y las trataba de apartar del respaldo del asiento de donde se agarraba la parejita porque según la abuela era "suyo". Le dije que dejara de gritar, por dios, que me aturdía, que se fije en sus cosas, como por ejemplo su bigote y no en lo que hacen los demás. 
Pasé a ser parte inclusiva de su concepción de juventud perversa, y como no tenía otros argumentos, la abuelita descargó un enorme pollo de mocos verdes en mi asiento. Así está la vejez hoy, cada vez mas zarpada y haciendo abuso de su inimputabilidad social.

25 agosto 2015

Pedos de micro

En las horas pico hay manos apoyándose hasta en las ventanas cerradas. Yo no llego al cañito de arriba, asi que cuando viajo en un bondi tan lleno me convierto en contorsionista. Nadie se puede mover ni un milímetro más porque sino nos caemos todos. Una señora tetona reposa sus tetas en mis hombros, un señor con aliento a naftalina invade mi espacio civil. Pero todos estamos en la misma: somos un rebaño luchando contra las frenadas del chofer, unos agarrados de los otros; así que me la banco como se la bancan todos. Pero es en esos momentos en los que alguien anónimo, escondido y me imagino que con cara de sota, se tira un pedo. Sí, un pedo. Y ahí juro que pierdo toda la fe en la humanidad.

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