21 enero 2011

Mi intolerancia IV: El porteño

El prototipo del argentino/a en el exterior es esencialmente el de un blanquito arrogante que se cree que se las sabe todas; más pesado que un yunque, el argentino se hace odiar por sus hermanos latinoamericanos no sólo con su tonadita soberbia, sino con sus actitudes de idiota mal parido. Generalmente el argentino/a no es así: el jujeño no es arrogante, la misionera no es soberbia, el entrerriano no es pesado, ni la salteña es odiada, ni todas las provincias usamos la tonadita ridículamente soberbia. ¿A qué viene este prototipo? ¿Te lo preguntaste, porteño? ¿Quisiste saber si la gente se contiene de pegarte una patada en el culo, porteña? Estas son las características del porteño/a común, en ellas usted podrá saber si es responsable de ser el/la idiota al que todos odiamos por su "condición y aires de superioridad". Si usted coincide con por lo menos una, desde ya vaya sabiendo que es parte de la casta estúpida que los provincianos nos esmeramos en llamar despectivamente "porteñito".

Características
1- Cuando estas excepciones del ser humano llamados porteños/as, vienen a vacacionar a alguna provincia "de interior" (como nos dicen descalificativamente), su actitud no es sólo la de un imbécil al que no le sube el agua al tanque. No. Son más que eso:
                    El porteño/a es invasivo: no va a ocupar la parcela para acampar que le corresponde, sino que va a colgar su hamaca en la parcela del vecino, va a estacionar su auto en la casa del dueño, va a ocupar la churrasquera para asar de la parejita de al lado, va a poner su carpa sin conocimientos de las condiciones geográficas, va a poner la música bien fuerte, y va a tratar de hablar a los gritos con "y" o con "ll" lo más que pueda, para que todos sepan que es porteño/a, y que por ende dice sho como gasheta, no como nosotros/as, el negraje "de interior", que todavía hablamos con la i como los indios.
                    El porteño/a es molesto: no va a caminar por la vereda como cualquier ser de (por lo menos) este país. Muy por el contrario va a ocupar toda la vereda aunque sean dos porteños/as los que en ella caminen, gritándose entre sí para que todos nos demos cuenta que el porteño/a ha venido de su gran ciudad civilizada a ver a los simios que vivimos "en interior". Comprando y consumiendo vorazmente ropa de marca y cultura originaria, muy exactamente igual al gringo, el porteño/a considera que eso lo hace aún más superior que el pobre provinciano, que debe de conformarse seguramente con un par de carretas nuevas cada 2 décadas.
                    El porteño/a es irrespetuoso: se cree que por venir de la capital del país todo el mundo debe guiarlo, que para entrar a un lugar en el que todos/as pagamos él no debe pagar, que como es porteño tiene derecho a tirar la yerba del mate en el suelo hasta de la casa ajena. No respeta las costumbres de cada provincia, si viene a Mendoza, cuando más gritará con su arrogante tonadita y voz de mula por la contaminación será en la siesta, horario en el cual los mendocinos/as acalorados dormimos apaciblemente. Considera que cualquier persona es merecedora de un insulto, porque como el porteño/a es el porteño/a, puede insultar a quien sea en un semáforo, en un baño público, delante de un niño, la abuela o la concha de su madre. No va a considerarse igual a otro, sino superior, y por lo tanto, puede pasarse de las colas en un trámite, puede preguntarte donde queda la calle ahsgsjuaka y si vos no sabés puede mirarte con cara de "india-ignorante", puede exigirte que te corrás de la góndola del supermercado donde mirás los precios de las galletas para colocar a sus hijos frente a ella que te espantarán con su gritos diciendo "sho quiero mama sho primero vos sos un pelotudo asi que sho primero a mi comprame no comprame a mi a mi a mi sho sho sho". Mierda si no son secamentes, asi no dan gánas de tener hijos... 
2- La segunda característica más notable del porteño/a es su inmensa ignorancia geográfica. El porteño/a cree que Argentina tiene unos límites bien a la Mitre, donde mientras más chica es la Argentina mejor, porque por allá afuera está llena de indios pata sucia. Por lo tanto, para el subnormal, yo como mendocina soy chilena, mi tonada es chilena, mis costumbres son chilenas, mi peinado es chileno, y mi provincia es chilena. Si me salgo de los límites de Mendoza y felízmente voy a Río Negro, a Córdoba o San Luis, cualquier ser humano me preguntará con amabilidad: ¿sos de Mendoza o San Juan?. Por el contrario, cuando piso la gran tierra civilizada del porteño/a, éstos suelen preguntarme con despectismo: ¿de qué parte de Chile sos?. Los que ya me conocen saben con qué gruesas palabras contestaré a estos pobres anormales de carrito. Puedo seguir ennumerando una y otras las provincias que para el porteño/a no existen en Argentina, las cuales son todas menos dos (la suya y parte de Sante Fé -Rosario-), pero ustedes saben que no hace falta explicar las razones por las cuales para el porteñito/a el jujeño es boliviano, la formoseña paraguaya, y el pueblo chaqueño es un vayaasaberquécosa. Con ese poco conocimiento geográfico me molesta el patriotismo del porteño/a que se asemeja más al chauvinismo al exigir que "las Malvinas son argentinas" porque si el infradotado todavía no tiene conocimientos geográficos de primaria tendría que estar exigiendo un par de libros a su abuelita, y no un territorio más al que luego no sentirá como argentino y lo discriminará, lo marginará y le colocará calificativos hirientes como hacen con absolutamente todas las provincias del país. 
3- La tercera razón por la que no tolero al porteñito/a arrogante, es su laguna cerebral en las capacidades de razonamiento. Esto lo pude comprobar cuando, de vacaciones con mi marido, que es porteño el pobre pero no presenta estas características, donde por sus tierras alguien me preguntó: "¿y allá en Mendoza hay universidades?". Sí, papito, hay universidades, luces, asfalto, edificios, agua potable y seres humanos, contesté. No me lo preguntó de mala intención, porque éste porteño es buena persona, pero vive en una ciudad crónicamente ignorante que le impide hacer un análisis profundo de la realidad argentina. Lamento profundamente el destino de mi país si justamente de esa provincia salen luego los sociólogos, historiadores y políticos descerebrados que a la posterioridad manejan todo el país y no tienen ni un mínimo conocimiento de su realidad, ni voluntad para concerla.
4-  La cuarta característica del porteño es su gran xenofobia, que luego deja mal al país en la comunidad internacional latinoamericana. Pues como el porteño/a es lo más semejante al europeo, con sus gustos refinados a la inglesa, con sus monumentos a la italiana, no puede llegar a comparársele al boliviano, venezolano o ecuatoriano. No, para el porteño/a eso es un sacrilegio. El porteño/a es la más pura mescla de las mejores razas, y los demás (inclusive sus hermanos argentinos "de interior") somos tan negros feos, mal olientes, mal refinados, choripaneros, que no merecen respeto alguno ni pensamiento de equidad. Latinoamérica para el porteño/a es una herida, una humillación en su corazón. Bien quisiera el porteño/a que su parte geográfica esté postrada en otro continente, por allá lejos donde el ecuatoriano es golpeado a patadas por lacras pálidas occidentales. 
5- La quinta característica de estos imbeciloides a la europea es su desgano neuronal, donde ya varias de éstas han dejado de funcionar y por esta razón el porteño es el animal menos político que hay en el mundo, el animal más analfabeto político y fascista que en mi corta vida he visto por estas tierras. El mapa de importancia política lamentablemente está inflado por esos lugares, donde ya todos/as sabemos que el político que gane será el más votado en Buenos Aires. Si nos ajustamos a la limitación neuronal porteña, y de hecho si nos ajustamos a la realidad actual, podremos ver bien claro cuál es la intención de voto del porteño/a: Macri. ¿Esto les dice algo? Bueno a mi no me dice algo, me dice TODO: que el porteño/a prefiere un analfabeto funcional que lo represente, de esos que no sabe articular bien las palabras más largas frente a las cámaras; que el porteño/a vota a quien más características mussolinescas tiene, e incluso se siente orgulloso/a de eso; que el porteño/a teme al morocho como teme a las revoluciones actuales de mi tierra latinoamericana; que el porteño/a es la cosa más amorfa, absurda y patética que existe por estas tierras de San Martín, Bolívar, Guaicaupuro y Bartolina, y que bien le vendría al mismo dejar de caretearla con remeritas del Che porque estén de moda, y colocarse una que le quede de pelos con su semejante idiotéz: una remerita de Mitre, un cuadrito de Sarmiento en el comedor, un cenicero con la cara de Roca, y un papel higiénico con el mapa de su puta provincia infestada de ignorantes anormales de carrito que averguenzan mi país. 

Salú!

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