12 enero 2013

Mi amiga Sol

la primera vez que fumó un porro, fue por mi culpa. Y aunque fumar de vez en cuando hace bien, digo que fue "mi culpa" porque no medí el tamaño y la calidad del porro con el tamaño y la calidad de su persona.
Fueron florcitas.
En uno de esos que arma mi amigo (que supongamos que se llama Ghandi).
Y Sol no había comido.
Era de día, y se hizo de noche.
En esa cantidad de horas, Ghandi miraba a Sol y pensaba, yo miraba a Ghandi y me reía, y Sol miraba a todos lados y hablaba con todos los lados. Se paró más de 4 veces para irse y después se olvidó que se iba. Se comió 3 alfajores bon o´bon de paquete de 4 alfajores y cuando le dije no me creía; se tomó una jarra de agua de golpe; prendió la luz del patio en vez de la luz el baño infinitas veces.

Cuando nos ibamos, Ghandi y yo decidimos acompañar a Sol hasta la puerta de su casa, porque en ese estado era lo mejor. El problema es que Ghandi no entendía cómo llegar a la casa de Sol, yo me pierdo en todos los lugares, y Sol de pronto se desorientó. Nos paramos y ella miraba la montaña y preguntaba si era una nube, una pared o la montaña; me miraba a mi y me abría los ojos grandes; depués miró el piso y se olvidó que estaba perdida porque se puso a limpiarse las botas que tenían barro. Estuvimos ahi un rato laaaaaargo, esperando que Sol se terminara de limpiar las botitas; terminó y empezó a caminar con seguridad para una dirección, asi que la seguimos. Salimos de la calle de barro y llegamos al centro. Con las luces Sol se enloqueció; decía que la gente la miraba; le daban miedo los autos aunque no lo dijera, asi que veía un auto a 8 cuadras y ella corría hasta la vereda; se sobresaltaba con las bicicletas; caminaba muy cruzado, entonces yo tenía que agarrarla del brazo para que no se fuera contra la cuneta. Una de las veces pasamos por un taller mecánico y un hombre musculoso y engrasado llamó a su compañero de trabajo: ¡¡¡¡CHOOOOOOOLOOOOO!!! Y Sol gritó; no fue un grito de susto, de esos que duran la cantidad temporal que dura el sobresalto; fue el grito más largo que yo haya escuchado. Y se ve que lo mismo le pasó al mecánico, porque no dejó de mirarnos hasta que cruzamos y doblamos hacia otra calle. Después de eso, quedó tan asustada, que empezó a hablar sola. Entonces Ghandi y yo hablábamos del clima, y Sol hablaba de cosas sin sentido con alguien que no existía. Yo ya me había empezado a asustar, asi que le dije que mejor fueramos a comer algo así se le pasaba el efecto del porro, pero no. Ella llegó a la puerta de su casa y casi que ni se despidió, se metió cantando y moviendo la cartera.
Al otro dia, en el instituto, tenía la sonrisa más linda que le he visto. Parece que esa noche descubrió algo que la hizo felíz.

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