Yo iba parada. Cuarenta minutos de viaje parada.
Se subió un viejo decrépito; la rubia impunemente quieta. Un adolescente imberbe le dio el asiento al viejo.
Se subió una gorda cincuentona con muchas bolsas del super, una por cada año de su vida. La rubia quieta. Le dio el asiento un pelilargo de esos que usan sandalias hasta en el invierno y desodorante nunca.
El micro siguió. Volvió a parar, se subieron 5 adolescentes en la flor de la edad a los gritos todas. Atrás de ellas una vieja con las patas con varices hinchadas del calor, o no sé, transpirada, cansada. Se paró al lado de la rubia pelotudita, la cual no se movió, no le dio el asiento, no se paró, ni observó a la mujer de pié.
Me enojé, me enfurecí, me empecé a poner colorada, la ira quería salir, quería reventar...
"Disculpame, por qué no le das el asiento a la mujer mayor que vos que está parada, nenita?" Remarqué la palabra nenita, mientras le tocaba el hombro a la rubia imbécil.
La rubia movió el hombro.
La rubia comenzó a darse vuelta.
La rubia me miró.
La vi.
Y pensé "me cago en la cirugía, si esta rubia tiene más de 90 años"

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