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18 julio 2013

Al otro día de la elección del Papa

yo fui a trabajar, y pensé que estaba soñando. O que había comido algo adulterado y estaba alucinando.
Ese día, me subo al bondi, pasamos frente a una Iglesia y todos de pronto se hicieron creyentes; todo el micro en su conjunto se persignó (así se escribe?) excepto los que iban durmiendo y yo. Me miraron con cara de mula bufando. Ahi pensé que algo andaba mal. Por lo general nadie me mira mal por no hacer en mi cuerpo el símbolo de una herramienta de tortura que se llama cruz.
Me bajo del micro, camino hasta la terminal, y adentro había un tumulto de gente. "Venga, venga", me dice un viejito, el cual me arrastra del brazo contra mi voluntad, como si fuera obligación ir hacia donde él señalaba con un "venga, venga". Me asomo y el abuelo me estaba conduciendo hacia una virgen que todos miraban o algo así. "No, no, no" le dije, como les contesto a los señores de la tarjeta Nevada que me llaman en la siesta. Huí despavorida. Era la primera vez en mi vida que alguien me arrastraba obligándome a ir a orarle a una estatuilla de cualquier religión.
Me subí al otro bondi, agitada, pasamos frente a otra Iglesia, y de nuevo: me miraban con cara de hereje por no persignarme. La gente rara se daba vuelta a mirarme porque yo, argentina, con papa argentino, no me persignaba como hacía toda la gente rara.
Y el camino de vuelta a mi casa fue igual. Parecía que ser creyente es una obligación; me quemarán viva como en la Inquisición? pensaba yo.

Una semana después, haciendo el mismo recorrido, nadie se persignó frente a ambas iglesias (bueno sí, unas abuelitas), ningún anciano me arrastró para que vaya a rezarle a la virgen de la terminal, ni nadie me miró de mala leche acusándome de hereje con la mirada. La hipocresía católica y el chauvinismo duran más o menos lo mismo: horas, tal vez días. Después vuelven a ser la misma mierda de vende patrias e hijos de puta.

21 enero 2011

Mi Intolerancia III: La Vendimia

Llena de fuegos artificiales, rubias artificiales, y mendocinos artificiales, es la Fiesta "popular" de mi provincia.
Si uno quiere ver algo popular en Mendoza, puede venir a mi provincia a los lugares más alejados de la ciudad, a esos lugares lejanos donde el intendente Fayad a echado a los trabajadores ambulantes porque "afean" la vereda, donde a excluido a los artistas callejeros porque "obstruyen" el paso, donde caminan morochos y morochas sin que la policía les pida documentación; donde uno puede sentirse mendocino. Allí encontrará un verdadera fiesta popular.
En cambio si el turista que visita Mendoza quiere apreciar el fraude de lo que fue una fiesta popular, la humillación del género femenino, una fiesta rebajada a lo más nefasto e hipócrita del conservadurismo mendocino, puede conseguir a altos precios una entrada para sentar su culo en el anfiteatro donde se festejará la Fiesta de la Vendimia.


A ella ya no concurren mendocinos, sino gringos subnormales, políticos corruptos, celebridades de la televisión farándula y fascistas provinciales vestidos a la europea con sus copetudas mujeres vestidas a la yanqui. El populacho, los negros, el mendocino, no puede adquirir las entradas de su fiesta provincial porque éstas son vendidas a empresas de turismo, y los lugares ya están reservados para que se siente apaciblemente el yanqui que ensucia mi tierra.  Por ende, el mendocino va a ver su fiesta desde los cerros, allá lejos, donde pueden prender fuego y hacerse unos choripanes; de la fiesta lo unico que recordarán serán apenas unas lucecitas que se veían lejanamente y que se considera a eso como fuego artificial.

En el carrusel de la Fiesta de la Vendimia, donde pasan las candidatas a reinas sobre un carro armado en honor a la vid, las reinas ya no dejarán al pueblo eufórico unos racimos de uva en retribución a los aplausos. Dejarán en su camino palabras en inglés para el gringo, corpiños y tangas para que el político corrupto las vote, y melones para Mirta Legrand.
En el desarrollo de la fiesta de la Vendimia ya no bailarán las chinas y los gauchos, con su vestimenta verdadera y tradicional. Bailarán estudiantes de teatro de la Universidad Nacional de Cuyo, por 50 pesos cada movimiento de pié, disfazados de gaucho y con dos trensas cada china de mentirita.
Y por ultimo, en la elección de la reina de la fiesta, ya no esperaremos más que la elegida sea como se supone que siempre sería: una candidata de rasgos andinos, morocha y linda, cosechadora de la vid, trabajadora de manos curtidas, mujer de ojos brillosos por honrar su trabajo en una fiesta para ella, artesana de la tierra y las viñas, amiga de la pachamama. No. Ahora esperamos que la candidata sea una rubia de una sola neurona, hija de un abogado, juez, facho o bodeguero, que ha pisado la vid sólo para no pasar verguenza cuando le pregunten de qué color es la uva, que de lo unico que ha trabajado en su vida es de nenita caprichosa, que ha nacido en cunita de oro y morirá en ella robándole a las cosechadoras que su fiesta han humillado. Y al fin, podremos ver a la reina, la elegida, la más votada, que será la que mejores felaciones hizo a una cola de políticos y fascistas mendocinos, prostituyéndose por unos votos, deshonrando a la trabajadora fiel a la viña.
Los invito a que en febrero-marzo participen de la fiesta, mi tortura anual, que luego invade los noticieros provinciales con huecas que sólo abren la boca para cagarla, que han humillado a la feminidad toda, al género que me pertenece y que lo seguirán haciéndolo hasta que en Mendoza cuando levantemos una piedra no se asome un facho.

Salú.

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