Una forma muy original de llamar puta a una atea
Ayer fui a comprar dulce de leche al mercadito de la vuelta. La calle estaba vacía. Salí del mercadito, y de pronto, la calle estaba repleta. Como por arte del señor, los Testigos de Jehová habían inundado la vereda y la calle, tocando timbres, golpeando puertas y ventanas, gritando que dios había llegado y que Jesucito solicitaba abrir las puertas de inmediato.
Como es costumbre mía, me empecé a hacer preguntas existenciales y de gran profundidad, tales como "¿por qué mierda son 5 para tocar un solo timbre? ¿por qué siempre tienen olor a sopa? ¿por qué usan faldas de lana si hacen 32º de calor?.. ¿serán... vírgenes?" Y por concentrarme tanto en ellas, noté ya muy tarde que se había armado toda una cola muy larga para pasar por la vereda, porque los religiosos ocupaban todo el espacio, y no nos dejaban pasar a los ateos que por ahi íbamos. La cola se dilataba aún más, ya que al no abrirles las puertas de las casas a los Testigos de Jehová, éstos empezaron a parar a toda la multitud que iba por la vereda, multitud que supongo atea o agnóstica porque no les daban un cuarto de pelota.
Los Testigos de Jehová esperaban a la orilla de la vereda que alguien, sólo uno de los transeúntes, se quedara quietito a escuchar las palabras del señor, y a todos paraban, a todos les hablaban, a todos le suplicaban, a todos le mostraban su libro sagrado, inclusive a las adolescentes semidesnudas que iban delante mío; paraban a todos, menos a mi.
"Wiiii! tengo el demonio", pensé.
"Ya no tenés cara de vírgen María purísima y santa", me dijeron unos adolescentes que tomaban cerveza a la sombra de un arbolito, "por eso no te paran".
Y así fue como supe de la manera más indirecta y original de llamar puta a una atea.

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