La cosa es que en plenas elecciones mías, yo andaba por ahi haciendo no se qué cosa en el patio de mi instituto con mi amiga anarquista, cuando de pronto me pegué en la rodilla con una silla.
Fue un simple murmullo, lo juro, que decía: la re concha de tu madre, silla y la de mierda que te re parió, quién carajo habrá sido el hijo de cristiana puta que vino a poner la silla en el medio del culo de dios.
Y como estábamos en plenas elecciones, el profesor, que es peronista y se ve que tiene oido absoluto, atravezó todo el patio institucional, se paró en frente de mí, y dijo:
- Luz, controlá el vocabulario, que estamos en elecciones, lo cual no beneficia a las mismas; y no es dable de una mujercita proferir impropervios ajenos a su condición. Queda feo.
Reitero: el señor es peronista. Entonces lo miré con cara de hongo aguado y le contesté:
- Mire profesor, Evita, la abanderada de los pobres, insultaba más que yo cuando se le daba la puta gana. Y si Perón no le pudo hacer cambiar el vocabulario "no dable de una mujercita" y "no dable de su condición", usted no me va a anular ningún insulto, con dos cojones, che.
El profesor peronista dio media vuelta y se fue.
Un mes después, mis compañeros y yo ganamos las elecciones.

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