Mucho tiempo atrás, defendía con su vida los ideales
que liberarían a su patria de las cadenas. Crecía en su interior el
grito de nosotr@s, l@s oprimid@s; y su grito se transformó en
revolución. Ayudó. Cooperó. Enseñó. Trabajó. Dejó ejemplo. Dejó un
camino. Luchó. HIZO.
Con el tiempo fue perseguido; tuvo que esconderse. Lo encontraron, fue secuestrado. Lo llevaron encapuchado, fue desaparecido. Le hicieron cosas que no te imaginás, fue torturado. Muchos se quedaron en prisiones de candados que no abrieron más, de esas cárceles irreales que no figuran en el mapa, sólo en la mente oscura de quien las creó. Pero Evaristo salió. 5 años estuvo encerrado, primero en Mendoza, después en Buenos Aires. Salió un invierno frío, sin documentos y sin abrigo. Nadie lo esperaba, unos pocos no fueron por miedo, los más porque estaban desaparecidos.
Con el tiempo fue perseguido; tuvo que esconderse. Lo encontraron, fue secuestrado. Lo llevaron encapuchado, fue desaparecido. Le hicieron cosas que no te imaginás, fue torturado. Muchos se quedaron en prisiones de candados que no abrieron más, de esas cárceles irreales que no figuran en el mapa, sólo en la mente oscura de quien las creó. Pero Evaristo salió. 5 años estuvo encerrado, primero en Mendoza, después en Buenos Aires. Salió un invierno frío, sin documentos y sin abrigo. Nadie lo esperaba, unos pocos no fueron por miedo, los más porque estaban desaparecidos.
Hacía 5 años Evaristo era joven, alquilaba un departamentito no muy lejos del centro, y tenía su trabajo en una fábrica de materiales de construcción. Pero cuando llegó a Mendoza, la fábrica no lo recibió nuevamente. De hecho ninguna fábrica lo recibió, ningún comercio, ningún empleador de cualquier tipo. Buscó por la periferia de la ciudad, tampoco. Las puertas de la sociedad estaban cerradas para él y los suyos. Fue al campo, a trabajar en la cosecha, ahi donde nadie pregunta nombres, edades, ni sueldo a cobrar.
15 años después, Evaristo no sólo había luchado por la vida, también había levantado varios edificios de la patria, había cosechado en varias fincas de la provincia, y había sido personal de limpieza de muchas empresas multinacionales. Ningún trabajo le duraba a los que lucharon como él, ningún trabajo era bien pago para los que dejaron un camino como él; Evaristo era estafado socialmente. Y sin embargo él se miraba las manos curtidas de trabajador, y sonreía: era un laburante y había sido, era, un luchador. De esos laburantes que vos no te das cuenta lo imprescindibles que son: son los que hacen los caminos que transitás cuando vas a trabajar, los que levantan las escuelas donde estudian tus hijos, los que llevan las frutas y verduras a tu mesa, los que levantan la basura que vos tiraste cuando ibas caminando.
15 años después, Evaristo no sólo había luchado por la vida, también había levantado varios edificios de la patria, había cosechado en varias fincas de la provincia, y había sido personal de limpieza de muchas empresas multinacionales. Ningún trabajo le duraba a los que lucharon como él, ningún trabajo era bien pago para los que dejaron un camino como él; Evaristo era estafado socialmente. Y sin embargo él se miraba las manos curtidas de trabajador, y sonreía: era un laburante y había sido, era, un luchador. De esos laburantes que vos no te das cuenta lo imprescindibles que son: son los que hacen los caminos que transitás cuando vas a trabajar, los que levantan las escuelas donde estudian tus hijos, los que llevan las frutas y verduras a tu mesa, los que levantan la basura que vos tiraste cuando ibas caminando.
15 años después, Evaristo había levantado varios edificios de la patria, de esos donde hoy se festeja el Bicentenario.
Pasaron 16 años más. Evaristo está casi sordo, sentado mirando por la ventana de un hogar estatal de ancianos de Guaymallén. Tiene un chal que le abriga las piernas flacas, y una mano que le tiembla. Pero conserva su espalda de trabajador, su mirada lúcida e inteligente, y sus manos de dedos grandes de albañil, cosechador y changarín. Con el transcurso de los años pudo ir reencontrándose con los suyos, quienes se abrigaron mutuamente del frío que la sociedad les entregó; eran un verdadero grupo de amistad, más que amistad: compañeros.
"Y el mate?", me dice.
Evaristo, usted se siente una víctima?, pregunto.
"Eh? Qué decís, nena?"
QUE SI USTED SE SIENTE UNA VICTIMA
"Pero de qué, criatura?!"
NO SE.. POR LO QUE LE PASÓ CUANDO ERA JOVEN
"Ma' que víctima hablás vos, che! Víctima es ese boludo que no es consciente de lo que hace y lo hace. Muchos compañeros fueron fusilados, y no pueden decirse que son muertos, porque no puede llamarse muerto al que luchó por la vida. También les quitaron los nombres y sus historias, pero eso no significa que no tuvieron nombre e historia. Yo tengo nombre. Tengo historia. Ellos tuvieron y tienen. Yo elegí luchar por mis ideales, mis derechos, mi país, no soy víctima. Ma' qué víctima hablás, che, nena!"
(jiji) BUENO NO SE ENOJE ABUELO.
"Grr. El mate me lo tomaste vos?"
ACA ESTÁ.
Y así estuve con Evaristo, muchos ratos largos de mi vida que parecieron cortitos. Cada pregunta ingenua mía, era una respuesta con enseñanza suya. Cuanto aprendí con Evaristo, cuánto camino amplio me abrió en la vida. Cuánto ejemplo fue dejando por los espacios que transitó y por los lugares en los que luchó.
Hoy me guardo a Evaristo en el corazón. No es un muerto, porque quien muere por la vida no es un muerto. Hoy Evaristo se transformó en mi camino.
Y cuántos Evaristos hay hoy en el país, Evaristos que lucharon por el país del Bicentenario que vos festejaste; Evaristos que tienen 67 años y siguen trabajando no porque no pudieron reinsertarse en la sociedad, sino porque la sociedad no quiso reinsertarlos. Evaristos que lucharon por sus valores, por sus ideales, por la democracia, por lo que vos disfrutás hoy. Evaristos de manos curtidas que trabajaron 14 horas por día, Evaristos ancianos que siguen trabajando 14 horas por día. Evaristos que no pueden hacer huelga, porque nunca tuvieron un trabajo en blanco. Evaristos sin jubilación ni aportes jubilatorios. Evaristos que la sociedad recuerda y valoran cuando mueren y no cuando viven.
Evaristos a los que la Argentina les debe una reparación. Evaristos que la Argentina recuerda en sus discursos y olvida en la realidad. Evaristos que lucharon por mi, por vos, y dejaron su vida por los caminos que hoy hacemos.
Evaristos que no son muertos, porque lucharon por la vida.
Dedicada a tod@s l@s ex pres@s políticos de Argentina, país que aún no hace una reparación económica a éstos, quienes lucharon por sus ideales, utopías, derechos y sueños. Hoy, ya ancianos, en general no gozan de beneficios de jubilaciones ni pensiones, algunos a los que el cuerpo les da siguen trabajando en una sociedad que nuna tuvo interés en reinsertarlos.
Por una digna reparación económica a los ex presos políticos YA!

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